Lobos con pieles de cordero
Leí el otro día un artículo escrito por Esther Vivas que me ha hecho reflexionar. Viene a decir que es difícilmente comprensible que los supermercados, uno de los pilares básicos del capitalismo y el consumismo, se pongan a vender productos de comercio justo.
El análisis de esta tendencia descubre que estas empresas han encontrado un nicho de negocio del que sacar partido y pretenden explotarlo. Ni interés por el medio ambiente, ni preocupación por el ciudadano, ni siquiera compasión por el agricultor que está trabajando en penosas condiciones para recibir un pago injusto por su trabajo. El fin sigue siendo el de siempre: obtener el mayor beneficio.
Sigue siendo la misma hipocresía a la que ya nos tiene acostumbrado el capitalismo: “vendo armas a un país y después les mando ayuda humanitaria“. Finalmente un objetivo tan claro como es la obtención de beneficios crea extraños comportamientos en las empresas que intentan adaptarse a las necesidades del mercado por encima de cualquier moral.
Como dice Esther en su artículo: “El comercio justo tiene por objetivo cambiar las injustas reglas del comercio internacional y someter al comercio a las necesidades de los pueblos y de los sectores oprimidos.” Es decir, cuando se crean entramados de comercio justo su fin no es vender por vender, como si fuese una empresa más dentro de la lucha por el capital sino vender con ciertas condiciones y con un fin bastante diferente al de las empresas “tradicionales”.
Como se puede ver el mensaje es bastante diferente. Al final cada uno es lo que es y si bien es cierto que todo el mundo puede cambiar, en este caso creo que es bastante evidente la burda piel de cordero que llevan encima estos lobos.